El mundo del arbitraje vive este lunes un clima de indignación nunca visto tras los acontecimientos ocurridos en el último encuentro en el que estuvo involucrado Matías Almeyda, entrenador del Sevilla FC. Según SER, existe un profundo malestar por lo que consideran una actitud “muy peligrosa e irrespetuosa” del técnico argentino hacia el colegiado del partido.
Varios árbitros aseguran que Almeyda llegó a “echarle el campo encima” al árbitro, una conducta que, en su opinión, “no solo pone en riesgo la integridad profesional del árbitro, sino que además envía un mensaje altamente negativo a colegiados de categorías inferiores, menos protegidos y con menos experiencia”.
La controversia se ha visto alimentada por la redacción del acta arbitral, que parece que ha sido realizada “pensando en una sanción ejemplarizante”. De hecho, se rumorea que podría darse una de las sanciones más duras impuestas a un entrenador en los últimos años, con un castigo que como mínimo rondaría los ocho partidos de suspensión.
Desde el entorno de Almeyda aún no ha habido una respuesta oficial, pero la sensación en el arbitraje es que se enviará un mensaje firme desde los órganos disciplinarios contra cualquier falta de respeto o confrontación hacia los colegiados.
El problema de lo sucedido es que eso no fue lo que sucedió, y se demuestra en las imágenes. Almeyda prácticamente ni reaccionó ante la falta. Se agachó, se giro e hizo un pequeño movimiento con los brazos, ya de espaldas. Se dirigió al banquillo y se quedó apoyado en el mismo, totalmente en silencio y calmado. Es más, cuando se acercó el árbitro empezó a mirar a su alrededor pensando que algún otro miembro era el que iba a ser replicado por Iosu Galech, que le mostró la roja sin pensarlo dos veces.
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