La Real Sociedad actual es un equipo en transición que combina continuidad estructural con cambios importantes en el banquillo, la plantilla y el modelo competitivo. Tras el fin de ciclo de Imanol Alguacil y la posterior llegada de Pellegrino Matarazzo, el club ha vivido una evolución progresiva: primero cierta irregularidad y después un crecimiento notable en 2026, donde se ha convertido en uno de los equipos más en forma de la liga.
A nivel de juego, la Real sigue manteniendo una identidad reconocible: equipo asociativo, con buen trato de balón y protagonismo en campo rival. Sin embargo, los datos reflejan cierta inconsistencia ofensiva: genera ocasiones, pero tiene problemas de eficacia, con muchos tiros sin acierto claro. Esto se traduce en un equipo que domina fases de los partidos pero no siempre convierte ese dominio en resultados, lo que explica su irregularidad en la clasificación durante buena parte del curso.
En lo estructural, el centro del campo ha sufrido un cambio clave con la salida de Martín Zubimendi, pieza fundamental en años anteriores. Para compensarlo, el club ha apostado por perfiles como Carlos Soler o Yangel Herrera, buscando más llegada y dinamismo que control posicional puro. Esto ha cambiado ligeramente el equilibrio del equipo: más verticalidad, pero también más exposición defensiva en ciertos contextos.
En ataque, el liderazgo sigue recayendo en Mikel Oyarzabal, que continúa siendo el referente futbolístico y emocional del equipo. Junto a él, jugadores como Take Kubo o Brais Méndez aportan desequilibrio, aunque la falta de un ‘9’ dominante ha sido un tema recurrente, especialmente tras la salida o bajo rendimiento de delanteros como Sadiq. Esto ha obligado a la Real a repartir la responsabilidad goleadora en lugar de concentrarla en una figura clara.
Defensivamente, el equipo mantiene buenos registros en duelos y juego aéreo, lo que indica una estructura sólida sin balón. No obstante, las pérdidas en zonas comprometidas y ciertos desajustes en transición penalizan su rendimiento, algo que el nuevo cuerpo técnico ha intentado corregir con ajustes tácticos y mayor disciplina colectiva.
En conjunto, la Real Sociedad actual es un equipo competitivo pero en redefinición: ha pasado de ser un bloque muy estable y reconocible a uno con más variantes y matices. Su mejora en 2026 sugiere que el proyecto va en la dirección correcta, pero aún necesita consolidar automatismos y encontrar mayor fiabilidad en ambas áreas para volver a asentarse de forma clara en puestos europeos.
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