Que levante la mano el que no estaba ayer viendo al Sevilla FC de sus amores y mirando con el móvil los resultados de Girona y Mallorca en sus partidos frente al Atlético de Madrid y el Levante en una penúltima jornada de puro infarto.
Fin a una temporada de infarto, de malos ratos, de pulsaciones a mil, de matemática infinita, de pedirle al Universo una y mil veces un milagro, de sufrimiento incesante por un escudo y unos colores.
Si uno echa la mirada atrás, una vez que este 17 de mayo se confirmaba que el Sevilla FC salva la categoría, gracias a las derrotas de dos de los equipos implicados, y no jugártela en la última jornada, uno se queda con la foto fija de la derrota ante Osasuna, que fue lo que encendió todas las alarmas del descenso a falta de 5 jornadas, removió al sevillismo entre lágrimas y provocó la conjura de la afición frente a la sombra del descenso dibujada en los rostros de los futbolistas.
Quince puntos había en juego y un único objetivo: salvar al Sevilla FC del pozo de la Segunda División. Y es entonces cuando la afición activa el botón rojo para ponerse en modo salvación, primero de rojo, después de blanco y, por último en ambos colores, para dejarse el alma en cada momento; para llevar al equipo en volandas mientras se marcha en el autobús en la explanada del estadio tras cada último entrenamiento previo a las “finales”. Para poner boca abajo el Manicomio a los sonidos del himno del Centenario más hermoso que jamás se haya compuesto.
Un agosto de 1995 el sevillismo demostró su grandeza y unión ante un descenso administrativo que daba con sus huesos en Segunda División B.
31 año después, la afición volvió a enfundarse su camiseta, sacar su bufanda y cantar a los cuatro vientos en el “Manicomio” que como leí en Instagram a SVQBRS en una carta del “abuelo a su nieto” al que llevaba de la mano al Sánchez Pizjuán: “Mi niño, si algún día yo no estoy, quiero que sepas algo que es lo más importante que te puedo dejar en esta vida: Ser del Sevilla FC… Que cuando vayas al Sánchez Pizjuán sientas que estoy a tu lado, como en todos esos días que fuimos juntos. Cuida este amor, cuida este escudo. Y nunca olvides de dónde vienes”.
“El Amor verdadero es para siempre, Sevilla FC” me encontré escrito de madrugada por un gran sevillista en la pizarra de la cocina de casa este lunes 18 de mayo. Ese Amor que ha llevado al Sevilla FC a la permanencia en Primera División.
Honor y Gloria a vosotros, Sevillistas.
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