La historia de nunca acabar: el Sevilla FC está ante un posible nuevo giro argumental en el ámbito institucional.
La entrada de un nuevo socio con peso en el accionariado, pondría en peligro el actual -y poco efectivo- modelo de gobernabilidad del club, obligando a dejar en el olvido el pacto firmado en 2019 entre los principales accionistas.
Dicho acuerdo se firmó para poner fin a una etapa de conflicto y darle estabilidad a la institución en la toma de decisiones. Gracias a este pacto, se evitó la lucha por el control del club -al menos eso pretendía- se trasladara de manera permanente a las juntas de accionistas.
No obstante, la sorprendente irrupción de un nuevo socio, cambiaría por completo ese desequilibrio creado y que contradice lo acordado en el pacto. El trato prometía una realidad accionarial y no contemplaba la incomode nuevos miembros de poder, sin embargo, la inestabilidad e ineficacia del actual consejo cambian las cosas.
Por ende, cualquier operación que modifique el pacto en contra de la actual, obligaría a negociar un nuevo entendimiento entre las partes, aunque visto los últimos acontecimientos en muy difícil oponerse a la dictadura.
El Sevilla FC se encuentra en su peor momento, incertidumbre deportiva, economía nula y problemas que incrementan con el paso de los días, mientras continúan los movimientos alrededor de su capital social y el supuesto interés de diferentes grupos de cara a la compra de la entidad.
Más allá de quién sea el nuevo socio, la cuestión realmente es otra y, es que, el club necesita urgentemente un ápice de estabilidad. El pacto de 2019 no ha funcionado a largo plazo, mientras que si se realiza una nuevo, se deberá marcar el rumbo del club para los próximos años.
