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15 septiembre 2026

Dépor y Sevilla, una hermandad que nació en las gradas

Hay amistades en el fútbol que se construyen con el paso de los años, lejos de los focos y al margen de los resultados. 


La relación entre las aficiones del Deportivo de La Coruña y el Sevilla es una de ellas. Una historia que comenzó a principios de los años noventa, que tuvo en Riazor Blues y Biris Norte a sus principales protagonistas y que, durante décadas, convirtió los enfrentamientos entre gallegos y andaluces en algo más que un partido.

La historia se remonta a la temporada 1990-91. Un miembro de Riazor Blues viajó a Sevilla para presenciar un encuentro ante el Celta y aquel desplazamiento terminó siendo el primer contacto con Biris Norte. A partir de entonces comenzaron los viajes recíprocos y una relación que, poco a poco, dejó de ser personal para convertirse en un vínculo entre ambas aficiones.

El momento que terminó de estrechar aquellos lazos llegó poco después. En la temporada 1991-92, el Deportivo se enfrentó al Betis en la promoción de permanencia en Primera División. El conjunto coruñés logró superar la eliminatoria y condenó al equipo verdiblanco al descenso. Para los aficionados sevillistas, eternos rivales del Betis, aquella victoria del Deportivo tenía un significado especial. La rivalidad entre Sevilla y Betis terminó convirtiéndose, de manera indirecta, en uno de los ingredientes que alimentaron la amistad entre coruñeses y sevillistas.

Desde entonces, los desplazamientos conjuntos y los encuentros entre ambas aficiones comenzaron a hacerse habituales. Riazor Blues y Biris Norte compartieron viajes, finales de Copa y partidos europeos. Sevilla y A Coruña estaban separadas por cientos de kilómetros, pero sus gradas empezaron a sentirse mucho más próximas.

La relación llegó incluso a hacerse visible durante los propios enfrentamientos entre ambos equipos. En marzo de 2015, durante un Deportivo-Sevilla en Riazor, alrededor de 150 aficionados sevillistas vinculados a Biris Norte protagonizaron un cántico que fue secundado por cerca de un millar de aficionados de Riazor Blues. Un episodio que reflejaba hasta qué punto existía complicidad entre las dos gradas.

No fue el único capítulo. En abril de 2017, Antiviolencia sancionó al Deportivo y al Sevilla por permitir la exhibición de pancartas identificativas de Riazor Blues y Biris Norte durante los partidos. Aquellas imágenes eran la representación más visible de una relación que llevaba más de dos décadas formando parte del paisaje de los enfrentamientos entre ambos clubes.

Pero quizá los momentos que mejor explican aquella hermandad no tuvieron lugar durante un partido.

Un homenaje compartido a Antonio Puerta

En agosto de 2012, el Sevilla invitó al Deportivo a disputar el Trofeo Antonio Puerta en el Ramón Sánchez-Pizjuán. El recuerdo del futbolista sevillista fallecido cinco años antes seguía muy presente y el club coruñés quiso formar parte de aquel homenaje.

El Deportivo saltó al césped con una pancarta en la que podía leerse «Gracias Sevilla. Siempre en nuestro corazón». El capitán deportivista Aythami depositó además un ramo de flores en memoria de Puerta antes del comienzo del encuentro.

Aquel gesto resumía perfectamente una relación que trascendía la rivalidad deportiva. El Deportivo no acudía simplemente a disputar un amistoso: acudía a Sevilla para acompañar al club y a su afición en uno de sus momentos más emotivos.

La solidaridad tras la muerte de Jimmy

Dos años después se produjo otro episodio que volvió a demostrar la existencia de ese vínculo, aunque en unas circunstancias mucho más dolorosas.

En noviembre de 2014 falleció Francisco Javier Romero Taboada, conocido como Jimmy, miembro de Riazor Blues, durante unos incidentes violentos relacionados con aficionados radicales en Madrid.

Tras su muerte, aparecieron en Sevilla pintadas en su recuerdo realizadas por miembros de Biris Norte. Una de ellas resumía en pocas palabras la relación existente entre ambos grupos: «De Norte a Sur, Biris y Riazor Blues».

El episodio debe contextualizarse dentro de la violencia que rodeó aquellos acontecimientos y no puede utilizarse para justificarla. Sin embargo, desde el punto de vista de la historia entre ambas aficiones, aquel gesto evidenció que la relación iba más allá de los desplazamientos y de los cánticos compartidos.

Futbolistas que también unieron A Coruña y Sevilla

La conexión entre ambos clubes tampoco se limita a sus aficionados. A lo largo de las últimas décadas varios futbolistas han vestido las camisetas de Deportivo y Sevilla, dejando una pequeña conexión futbolística entre dos clubes unidos principalmente por sus gradas.

Uno de los nombres más destacados es Aldo Duscher. El centrocampista argentino llegó al Deportivo en el año 2000 y permaneció siete temporadas en A Coruña, formando parte de uno de los mejores equipos de la historia del club. Con el conjunto gallego disputó 142 partidos y conquistó una Copa del Rey y dos Supercopas de España.

En 2008, después de su paso por el Racing de Santander, Duscher fichó por el Sevilla. En Nervión permaneció dos temporadas y levantó, entre otros títulos, una Copa del Rey.

Otro caso significativo es el de Fernando Navarro. El lateral izquierdo se convirtió en una pieza importante del Sevilla entre 2008 y 2015, etapa en la que conquistó dos Europa League. En el verano de 2015 abandonó Nervión para incorporarse al Deportivo, donde permaneció hasta su retirada en 2018.

Su historia tuvo además una segunda conexión con Sevilla: tras colgar las botas, Navarro regresó al club andaluz para incorporarse a su estructura deportiva.

También existe un vínculo mucho más fugaz y peculiar: el de Bebeto. Una de las grandes leyendas del Deportivo llegó a ser jugador del Sevilla en 1997, aunque su estancia fue extremadamente breve. El brasileño terminó regresando a A Coruña y continuó escribiendo allí una de las páginas más importantes de la historia del club.

Una hermandad que cambió con el tiempo

La historia, sin embargo, también tiene un punto de inflexión.

La relación entre Riazor Blues y Biris Norte dejó de ser la misma con el paso de los años. El propio colectivo coruñés explicó en 2023 que la relación formal entre ambos grupos se había roto en 2017.

Eso obliga a diferenciar entre la situación actual y la historia de las últimas tres décadas. No sería preciso afirmar que ambos grupos mantienen hoy exactamente la misma relación que durante los años noventa o los primeros años del siglo XXI. Lo que sí permanece es la memoria de una amistad que durante mucho tiempo fue una de las más reconocibles del fútbol español.

Y esa historia continúa apareciendo cada vez que Deportivo y Sevilla vuelven a encontrarse.

En septiembre de 2026, el regreso del Sevilla a Riazor volvió a poner de manifiesto el interés que despierta este enfrentamiento. Las 860 entradas destinadas a la afición sevillista se agotaron rápidamente, una imagen que volvió a recordar que, pese a los cambios experimentados por ambas aficiones, existe una historia compartida que no se puede entender únicamente desde la clasificación, los resultados o los noventa minutos.

Porque la relación entre Deportivo y Sevilla nunca nació de una rivalidad deportiva. Nació en las gradas, en los viajes y en los encuentros entre aficionados. Nació entre A Coruña y Sevilla, entre el norte y el sur, y se convirtió con el tiempo en una de esas historias que hacen del fútbol algo mucho más grande que un resultado.

Una hermandad que tuvo sus años de mayor esplendor, que después se transformó y que hoy sobrevive, sobre todo, en la memoria de quienes la construyeron.

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