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28 septiembre 2026

Opinión | El Sánchez-Pizjuán también debería ser de ellas

Hay cosas que, para un sevillista, no necesitan demasiada explicación. Hay sentimientos que se entienden simplemente mirando un escudo, escuchando el himno o entrando por las puertas de Nervión.


Y hay una imagen que, como aficionado acérrimo al Sevilla FC Femenino y como defensor convencido del fútbol femenino, llevo tiempo imaginando: las jugadoras del Sevilla FC saltando al césped del Ramón Sánchez-Pizjuán para disputar un partido de Liga F.

No hablo de convertirlo en una obligación. Tampoco de abandonar el Estadio Jesús Navas, que debe seguir siendo la casa habitual del equipo. Hablo de abrir una puerta. De reservar determinadas fechas. De entender que, de vez en cuando, nuestras futbolistas también merecen sentir lo que significa jugar en el estadio que representa al Sevilla FC.

Porque ellas también son Sevilla. El escudo es el mismo

El Sevilla FC Femenino compite con el mismo escudo que el equipo masculino. Viste los mismos colores, representa a la misma entidad y lleva el nombre de nuestra ciudad por toda España.

Entonces, ¿por qué el escenario que simboliza al club no puede ser también suyo?

El Ramón Sánchez-Pizjuán es mucho más que un campo de fútbol. Es memoria sevillista. Es el lugar donde se han vivido noches europeas, derbis, celebraciones, decepciones, remontadas y momentos que forman parte de nuestra historia.

Allí se han construido recuerdos que pasan de generación en generación.

Y precisamente por eso creo que nuestras futbolistas también deberían tener la oportunidad de escribir alguna página de esa historia.

No todas las semanas. No necesariamente todos los partidos. Pero sí alguno.

Porque otros ya han demostrado que se puede hacer

Y aquí está una de las claves de esta reivindicación: no estamos pidiendo algo que no exista en el fútbol español.

Durante las tres últimas temporadas, varios clubes de Liga F han llevado partidos de sus equipos femeninos a los estadios donde habitualmente juegan sus primeros equipos masculinos.

El Athletic Club es probablemente uno de los ejemplos más claros. San Mamés se ha convertido en un escenario recurrente para el fútbol femenino. En junio de 2024, el Athletic recibió al Sevilla FC Femenino en La Catedral ante 13.381 espectadores, en un partido que el propio club presentó como el broche a una temporada especial. Y la apuesta ha continuado: en noviembre de 2025, el derbi vasco entre Real Sociedad y Athletic se disputó en Anoeta ante 10.094 aficionados, mientras que el Athletic volvió a utilizar San Mamés para encuentros de Liga F.

Valencia ofrece otro ejemplo evidente. En abril de 2024, el derbi entre Valencia CF Femenino y Levante UD Femenino se disputó en Mestalla ante 10.532 espectadores. Y el Levante también ha convertido el Ciutat de València en escenario para su equipo femenino: en enero de 2025 recibió al Valencia en Liga F ante 5.098 espectadores, y el club mantiene incluso una modalidad de abono específicamente vinculada a los partidos femeninos disputados en ese estadio.

La Real Sociedad también ha llevado al primer equipo femenino a Anoeta. El derbi ante el Athletic de noviembre de 2024 se disputó allí, y volvió a hacerlo en noviembre de 2025.

Y luego está el caso del FC Barcelona. Durante la etapa en la que el primer equipo masculino jugaba en el Estadi Olímpic Lluís Companys, el conjunto femenino también convirtió Montjuïc en escenario de grandes partidos. En marzo de 2025, el Barça-Real Madrid de Liga F reunió allí a 35.812 espectadores. El propio Barcelona ha señalado además que estos encuentros en el Olímpic forman parte de una tradición de llevar al equipo femenino a grandes escenarios.

Granada es otro ejemplo especialmente interesante para Sevilla. El Nuevo Los Cármenes ha acogido partidos del Granada Femenino en Liga F y ha demostrado el potencial de convertir un encuentro femenino en un auténtico acontecimiento para la ciudad. En marzo de 2025, el Granada-Barcelona reunió a 8.316 espectadores, la segunda mejor asistencia histórica del equipo granadino en ese momento.

Y no son casos aislados. El fútbol femenino también ha utilizado escenarios como Riazor, donde el Deportivo Abanca ha disputado encuentros de Liga F, o el Heliodoro Rodríguez López, donde el Costa Adeje Tenerife recibió al Barcelona en marzo de 2025 ante 9.617 espectadores.

La conclusión no debería ser quién lo hace más o quién consigue llenar más. La cuestión es otra: los grandes estadios pueden ser también grandes escenarios para el fútbol femenino.

Y si otros clubes han encontrado la fórmula, el Sevilla también puede encontrarla.

¿Por qué no Nervión?

Aquí es donde, como sevillista, me cuesta entender que todavía no hayamos dado ese paso.

¿Por qué no aprovechar un partido concreto?
¿Por qué no un Sevilla-Betis femenino?
¿Por qué no una visita del Barcelona o del Real Madrid?
¿Por qué no un encuentro de especial trascendencia clasificatoria?
¿Por qué no una jornada señalada en la que el club quiera poner el foco sobre su equipo femenino?

No hace falta convertirlo en una norma.

Hace falta convertirlo en una posibilidad.

Porque un partido en el Sánchez-Pizjuán no sería simplemente cambiar un campo por otro.

Sería cambiar la dimensión del acontecimiento.

El efecto sobre las jugadoras sería enorme

Intentemos ponernos por un momento en el lugar de una futbolista del Sevilla.

Imaginemos que desde pequeña ha visto el Sánchez-Pizjuán como uno de esos lugares prácticamente sagrados para cualquier sevillista.

Ha visto jugar allí a sus ídolos.

Ha escuchado el himno.

Ha visto a miles de personas llenar las gradas.

Y un día, siendo profesional y defendiendo el escudo del Sevilla FC, le dicen:

"Hoy juegas en Nervión".

¿Cómo no va a ser especial?

¿Cómo no va a suponer una motivación adicional?

¿Cómo no va a generar un sentimiento de pertenencia todavía mayor?

El fútbol profesional también se construye con emociones. Y hay pocas emociones mayores para una futbolista sevillista que defender al Sevilla FC delante de miles de sevillistas en el Ramón Sánchez-Pizjuán.

Pero no pensemos solamente en ellas

Porque el verdadero impacto podría estar fuera del terreno de juego.

En las niñas.

En las familias.

En las futuras futbolistas.

En quienes todavía no tienen una relación habitual con el Sevilla Femenino.

Imaginemos un Sánchez-Pizjuán abierto para un partido femenino.

Niñas entrando por las puertas del estadio con la camiseta del Sevilla.

Padres y madres acompañándolas.

Abuelos llevando a sus nietas.

Escuelas de fútbol invitadas.

Canteras presentes.

Jugadoras de categorías inferiores viendo desde la grada a las profesionales.

Y en medio de todo eso, una niña mirando el césped y pensando:

"Algún día quiero jugar ahí".

Ese pensamiento vale muchísimo más que cualquier campaña publicitaria.

Porque así se construye una generación.

Sevilla es una ciudad de fútbol

Y aquí aparece otro argumento que considero fundamental.

Sevilla respira fútbol.

Tenemos al Sevilla FC y al Real Betis. Tenemos una rivalidad centenaria. Tenemos una afición acostumbrada a llenar estadios y a vivir el fútbol con una intensidad difícil de explicar fuera de nuestra ciudad.

Entonces tenemos una oportunidad enorme.

El fútbol femenino no debería ser visto como una actividad paralela al fútbol de la ciudad.

Forma parte de él.

El Sevilla Femenino forma parte de Sevilla.

Y hacer crecer el proyectos significa también hacer crecer el fútbol femenino en nuestra ciudad.

Por eso el Sánchez-Pizjuán podría ser algo más que un estadio para un partido.

Podría convertirse en un altavoz.

No se trata de abandonar el Jesús Navas

Y quiero dejar esto muy claro.

Defender un partido en el Sánchez-Pizjuán no significa despreciar el Estadio Jesús Navas.

Todo lo contrario.

El equipo necesita una casa habitual. Necesita estabilidad. Necesita que su afición acuda regularmente a sus partidos. Necesita que el Jesús Navas se convierta cada vez más en un punto de encuentro para el sevillismo.

Pero una cosa no impide la otra.

El Jesús Navas puede ser la casa y el Sánchez-Pizjuán puede ser, de vez en cuando, la gran fiesta.

Una cosa complementa a la otra.

Un partido especial en Nervión incluso puede servir para que más gente descubra después al equipo y se anime a acudir habitualmente al Jesús Navas.

El fútbol femenino no necesita favores

Y tampoco creo que llevar al Sevilla Femenino al Sánchez-Pizjuán deba plantearse como un gesto de generosidad.

No necesitamos que nos hagan un favor.

Necesitamos que se reconozca una realidad: el fútbol femenino forma parte del fútbol profesional y las futbolistas del Sevilla FC también representan al Sevilla FC.

Cuando una jugadora marca con esta camiseta, el gol es del Sevilla.

Cuando gana, gana el Sevilla.

Cuando pierde, pierde el Sevilla.

Cuando sale a competir por España, Europa o cualquier otro escenario, lleva el nombre del Sevilla.

Entonces, cuando llega el momento de disfrutar de uno de los escenarios más importantes del club, ¿por qué no ellas?

Abrir Nervión también es invertir en futuro

Además, existe una cuestión que va mucho más allá de una temporada concreta.

El fútbol femenino necesita referentes.

Necesita que las niñas puedan ver a futbolistas profesionales y sentir que ese camino también está abierto para ellas.

Necesita que una jugadora del fútbol base sevillista pueda imaginarse algún día jugando delante de miles de personas.

Necesita que el fútbol femenino deje de percibirse como algo secundario.

Y los grandes estadios tienen un enorme poder simbólico para conseguirlo.

No solucionan todos los problemas.

No garantizan por sí solos grandes asistencias.

No sustituyen al trabajo diario, a la cantera, a la profesionalización ni a la inversión.

Pero sí ayudan a construir identidad.

Y la identidad, en un club como el Sevilla, lo es prácticamente todo.

El día que ellas salten al Sánchez-Pizjuán

Quizá algún día llegue.

Quizá simplemente un encuentro elegido por el club para convertirlo en una jornada especial. Ese día me gustaría estar en la grada. Me gustaría escuchar el himno.

Me gustaría ver a miles de sevillistas animando a nuestras futbolistas.

Me gustaría ver a las jugadoras mirar hacia las gradas y comprender que aquel estadio también les pertenece.

Y, sobre todo, me gustaría fijarme en las niñas. En sus caras, En sus camisetas, En sus ojos.

Porque quizá alguna vuelva a casa diciendo:

"Mamá, yo quiero jugar algún día en el Sánchez-Pizjuán".

Y entonces entenderemos que no era solamente un partido. Era mucho más. Era una señal. Era un paso adelante.

Era decirle a toda una ciudad que sus futbolistas también tienen derecho a soñar con Nervión.

Por eso, como sevillista y como defensor del fútbol femenino, lo tengo claro: el Ramón Sánchez-Pizjuán también debería ser de ellas. Porque no hablamos de dos Sevillas. Hablamos de uno solo.

Y cuando nuestras futbolistas salgan al césped con el escudo en el pecho, nadie debería preguntarse qué hacen allí.

La respuesta debería ser la más sencilla de todas: porque ellas también son Sevilla.

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