El presidente de honor del Sevilla FC continúa centrado en su recuperación y confía en regresar al Ramón Sánchez-Pizjuán a comienzos de año. El utrerano agradece el cariño recibido y recuerda las claves de aquel Sevilla que volvió a Primera y empezó a construir su grandeza.
Hay personas que dejan una huella que va mucho más allá de los resultados. Joaquín Caparrós es una de ellas. El utrerano, una figura imprescindible para entender una etapa decisiva en la historia reciente del Sevilla FC, continúa librando su particular partido, centrado en la recuperación del cáncer de colon que le fue diagnosticado el pasado mes de junio.
En una entrevista concedida a Onda Cero, el presidente de honor sevillista ha compartido cómo afronta estos meses y ha dejado una noticia que invita al optimismo entre los aficionados nervionenses: su intención es regresar al Ramón Sánchez-Pizjuán a principios de enero, siempre que la evolución médica se desarrolle favorablemente.
«A primeros de enero, si todo va bien, creo que sí», reconoció Caparrós al ser preguntado por su posible vuelta al estadio. Una respuesta breve, prudente y cargada de significado para una afición que espera recuperar cuanto antes la presencia de uno de los hombres que mejor representan el carácter y la identidad del sevillismo.
Hasta entonces, el técnico de Utrera mantiene la máxima disciplina en su recuperación y sigue al pie de la letra las indicaciones de los profesionales sanitarios. Una etapa en la que ha reducido sus apariciones públicas y en la que el fútbol, aunque sigue muy presente en su vida, ha pasado a un segundo plano ante la prioridad de cuidar su salud.
El cariño del sevillismo y la solidaridad del fútbol
Caparrós también ha querido mostrar su agradecimiento por las innumerables muestras de apoyo que ha recibido desde que hizo pública su enfermedad. Un respaldo que no se ha limitado al entorno sevillista y que le ha permitido comprobar, una vez más, que la solidaridad puede imponerse a cualquier rivalidad.
El utrerano ha destacado especialmente el cariño de antiguos futbolistas, entrenadores, compañeros de profesión y aficionados de distintos equipos. Incluso seguidores del eterno rival verdiblanco se han acercado a transmitirle ánimos durante estos meses.
El propio Caparrós ha reconocido que ese respaldo supone un impulso importante, especialmente en los primeros momentos de una situación tan delicada. El fútbol, con sus diferencias y rivalidades, también ha demostrado su lado más humano.
Para el sevillismo, acostumbrado a identificar en Joaquín a uno de los suyos, cada muestra de cariño hacia el entrenador supone también una forma de acompañarlo en este camino. Ahora, el deseo compartido es que su recuperación avance favorablemente y que enero permita volver a verlo en Nervión.
El orgullo de una etapa histórica
La conversación también ha servido para echar la vista atrás y recordar uno de los capítulos más importantes de la trayectoria de Caparrós en el Sevilla FC: el ascenso a Primera División y la construcción de un proyecto que acabaría asentando las bases del crecimiento deportivo e institucional del club.
Aquel Sevilla nació en un contexto complicado, con la necesidad de recuperar su lugar en la élite del fútbol español. Caparrós ha recordado el papel fundamental que desempeñaron el entonces presidente Roberto Alés y Monchi, que comenzaba su recorrido como director deportivo, en la configuración de un equipo que terminaría convirtiéndose en una familia.
El entrenador ha puesto el acento en la unión, la confianza y la claridad de ideas como elementos esenciales de aquel proyecto. Más allá de los recursos económicos, considera que el verdadero éxito estuvo en la capacidad de todos los integrantes del club para remar en la misma dirección, incluso cuando las dificultades amenazaban con poner a prueba la estabilidad del equipo.
La apuesta por la cantera también ocupó un lugar determinante. Caparrós ha recordado el talento que emergía de los escalafones inferiores y cómo la combinación de jóvenes valores con futbolistas que ya formaban parte de la plantilla permitió construir un equipo cada vez más competitivo.
Aquel ascenso, conseguido en una categoría con rivales de enorme entidad, no fue únicamente una meta deportiva. Supuso el comienzo de una etapa de crecimiento que terminaría llevando al Sevilla a consolidarse entre los grandes del fútbol nacional.
«Fuimos una familia», es una de las ideas que mejor resumen el recuerdo del técnico sobre aquellos años. Una frase que conecta directamente con una de las señas de identidad que el sevillismo reivindica con mayor orgullo: la importancia del sentimiento de pertenencia y de anteponer los intereses del club a cualquier individualidad.
Un reconocimiento que también dejó huella
Durante la entrevista, Caparrós ha recordado igualmente el homenaje recibido con motivo de la visita de la selección española a Sevilla para disputar su encuentro ante Croacia en el Ramón Sánchez-Pizjuán.
La Real Federación Española de Fútbol le hizo entrega de una camiseta conmemorativa de la selección campeona del mundo en un acto celebrado en la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios. Un reconocimiento que sirvió para poner en valor su trayectoria y que también le llevó a recordar el momento en el que estuvo entre los candidatos a convertirse en seleccionador nacional.
Aunque finalmente el puesto fue para Julen Lopetegui, Caparrós ha reconocido el orgullo que sintió por formar parte de aquella terna de elegidos. Un episodio más de una carrera marcada por el trabajo en los banquillos y por una vinculación con el Sevilla que ha terminado convirtiéndose en parte de su propia identidad.
Enero, en el horizonte sevillista
Por encima de los recuerdos y los reconocimientos, el presente de Joaquín Caparrós tiene una prioridad absoluta: recuperarse. Su regreso a Nervión todavía depende de la evolución de su estado de salud, pero sus propias palabras han abierto una ventana a la esperanza.
El sevillismo aguarda sin prisas, consciente de que lo verdaderamente importante es que el utrerano pueda superar esta etapa en las mejores condiciones posibles. El Sánchez-Pizjuán seguirá ahí, como también lo estará el cariño de una afición que reconoce en Caparrós a uno de los hombres que contribuyeron a construir el Sevilla moderno.
Si todo marcha como desea, enero podría traer consigo una de esas imágenes que trascienden el fútbol: Joaquín Caparrós de vuelta en su casa, en Nervión, rodeado del afecto de los suyos.
Hasta entonces, el mensaje es claro. La prioridad es la salud. Y el deseo de todo el sevillismo, también: volver a verlo pronto en el Sánchez-Pizjuán.
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