Split rugía como si el partido fuera mucho más que un partido.
Croacia, herida y necesitada de una respuesta ante su público, salió al césped con la intensidad de quien quiere borrar de golpe sus últimos fantasmas. España, en cambio, tardó demasiado en encontrarse. Y durante muchos minutos pareció que la noche croata iba a terminar con una derrota inesperada.
El centrocampista navarro, que había comenzado el encuentro en el banquillo, terminó convirtiéndose en el héroe de una remontada que España construyó a contracorriente: 1-2, dos goles de Merino y pleno de victorias para la Selección en la Nations League.
El comienzo fue incómodo para los de Luis de la Fuente. Croacia mordía en cada disputa, encontraba espacios y obligaba a España a jugar lejos de su zona de confort. El balón, tantas veces territorio español, parecía pertenecer aquella noche a los locales.
El golpe llegó en el minuto 17. Una pérdida en el centro del campo permitió a Kovacic conducir la contra. Matanovic terminó disparando y Unai Simón rechazó el balón, pero no pudo atraparlo. Allí apareció el veterano Ivan Perisic, atento al rebote, para adelantar a Croacia.
España se marchó al descanso por detrás y con la sensación de que necesitaba algo más que paciencia. Necesitaba cambiar el partido.
La Selección comenzó a encontrar mejores posiciones, a circular con más claridad y a acercarse progresivamente al área de Livakovic. Hasta que, en el minuto 61, llegó el empate.
Dani Olmo recuperó un balón dentro del área y encontró a Merino. El navarro controló y definió con la zurda, raso, ajustado al poste.
Croacia, sin embargo, no se rindió. España tampoco tuvo una noche especialmente limpia con el balón y algún error en la salida estuvo cerca de costarle caro. Poco después del empate, Perisic tuvo una ocasión clarísima que Unai Simón consiguió desviar. Y casi inmediatamente después, el propio delantero croata vio la segunda amarilla y dejó a su selección con diez.
Un balón llovió hacia el área. Merino lo controló con una delicadeza impropia de la tensión del momento, orientó el cuerpo y, sin dejar que la pelota tocara demasiado el césped, conectó una volea magnífica.
El jugador que había entrado al descanso para cambiar el rumbo del partido terminó firmando los dos goles que mantuvieron intacto el pleno español. Merino volvió a aparecer en esa zona del campo en la que parece convertirse en delantero sin dejar de ser centrocampista: primero para empatar, después para decidir.
El pitido final encontró a España celebrando una victoria que durante buena parte de la noche había parecido lejana. No fue la exhibición de otras jornadas. No fue una noche de dominio absoluto ni de fútbol brillante. Fue otra cosa: una victoria de resistencia, reacción y carácter.
Split se queda con el recuerdo de una Croacia que estuvo cerca de tumbar a España. La Selección se marcha con tres puntos más, doce de doce y una certeza: incluso cuando el partido se tuerce, todavía encuentra la manera de levantarse.
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