Este Sevilla agota, desespera, cabrea y quita la ilusión al más optimista.
No, la culpa no la tiene el que se marcha antes del estadio cuando ve, un lunes por la noche, que su equipo ha vuelto a encajar un gol en las postrimerías de un partido en el que su primer remate a puerta lo realiza en el minuto 70 y no ve el más mínimo hilo de esperanza de poder siquiera empatar el partido. Ni la tiene el que se queda en su casa porque al Sevilla no lo respeta nadie y se está comiendo todos los lunes habidos y por haber, y la gente trabaja.
No, no voy a perder el tiempo en intentar hacer ver a Almeyda que su sistema de juego no es valido con estos jugadores. Que no domina el tiempo del partido y que esto hace que el equipo se parta en dos y esto, con un equipo que no domina ninguna de las áreas, es un suicidio. Que ayer se vio que ni jugando al 120% te da para sacar un punto ante un RC Celta que jugó a lo que todos, esperar su oportunidad ante un equipo que tiene el porcentaje más alto de errores no forzados cometidos que terminan en gol, y que si juegas por debajo de esa intensidad viene el colista y te golea en tu estadio. Hemos terminado la primera vuelta y somos incapaces de asegurar resultados, con la importancia que tiene en un equipo con tantas limitaciones sumar aunque sea de uno en uno.
No voy a pararme a explicarle a Carmona que los corners no los remata Ismael Medina, que el juego no lo crea Florencio Ordóñez y que el coladero atrás no es organizado por Manu Carreño. No voy a perder un segundo diciéndole que la gente es soberana, que lee y escucha lo que le da la gana, que unos periodistas serán más críticos que otros, pero que hasta en la clasificación y en las crónicas que ponen los medios oficiales aparece que son tres derrotas consecutivas, que estamos a tres puntos del descenso y que somos el equipo con más derrotas en lo que va de temporada de la primera división. Eso es lo que cabrea a la gente, no lo que diga la prensa.
Tampoco pienso decir nada de Cordón. Seguro que sabe igual que todos lo que necesita el equipo, seguro que conocia la importancia de haber tenido aquí los refuerzos para estos dos partidos que se han escapado. La situación es la que es y a día de hoy, 13 de enero, tengo más en mente que se va a debilitar más al equipo que vaya a llegar alguien que de verdad le dé al equipo aunque sea una mínima parte de lo que necesita.
No pienso perder un segundo en hablar de una venta del club. Cada vez me recuerda más a "Bienvenido, Mister Marshall", donde llevamos toda la temporada ilusionándonos, no tanto con la llegada de un fondo extranjero sino con la salida de las familias que tienen arruinado al club, y que más bien parece una cortina de humo para tapar las indecencias de los que supuestamente dirigen el club y que están desaparecidos en combate. A día de hoy tengo serias dudas de que exista una oferta más allá de la de Lappi y que las otras que se han ido filtrando están más destinas a justificar su deseo de no vender, de perpetuarse en el sillón por lo menos mientras dura el famoso Pacto por la pasta.
Aquí tenemos todos y todas meridianamente claro quienes son los culpables, cual es la situación y que podemos esperar mientras no se vayan. Quienes han convertido un club que era ejemplo en Europa en un una entidad irreconocible, dirigida por gente incompetente que, lo que es peor, se creen que saben de esto. Las fuerzas hay que emplearlas en conseguir en echar a los responsables de aquí. Malgastar algo en silbar a esta plantilla, que tiene un problema de calidad severo, a un técnico que hace lo que puede con lo que tiene, o a un director deportivo con las manos atadas es perder el tiempo. Lo único que nos queda es rezar para que esta pesadilla termine pronto, que al menos quede una piedra sobre otra para volver a levantar el club y conseguir que los que han perpetrado esto no vuelvan a pisar el Ramón Sánchez-Pizjuán ni por equivocación. Un tipo que quiso jugar a ser el rey y que pasará a la historia como el peor presidente del Sevilla FC en toda su historia. Que nunca se olvide, que nunca se nos olvide, ni su nombre ni el de todas las familias que ha hecho esto posible.
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