Adulterar: alterar, viciar o falsificar la pureza, composición o calidad de una cosa, generalmente mediante la adición de sustancias extrañas o la modificación de documentos/hechos.
Foto: Juha TamminenNo, adulterar es otra cosa, no tiene nada que ver con mirar por tu equipo pensando en lo que tienes a la vuelta de la esquina. Adulterar no es que el Atlético de Madrid, con la posibilidad de meterse en las semifinales de champions el martes y con la final de copa el sábado reserve titulares en un partido en el que no se juegan nada. Tampoco lo es que lo haga el Celta ante el colista, aunque estos lo tengan más complicado en Europa League. Adulterar no es que el mismo Betis haya sustituido en el descanso a su estrella con vistas al partido del jueves en esa misma competición.
Adulterar una competición es, por ejemplo, hacerte jugar una final de Copa del Rey tres días después de disputar una final de UEFA Europa League cuatro días antes ante el Liverpool.
También es expulsar a Juanlu y no hacerlo con Antony, Fede Viñas o Sibo, incluso ayer con Almada. Es ver cómo Del Cerro ante dos jugadas exactamente iguales tiene diferentes criterios y, que casualidad, siempre perjudica al Sevilla FC.
Adulterar la competición es tener que vender hasta el álma para poder inscribir jugadores (no hablo solo del Sevilla) mientras equipos como el FC Barcelona, con el límite sobrepasado, pueden inscribir e inscribir.
Adulterar la competición es pagar a jugadores del Lleida para intentar evitar el ascenso de tu rival. O venderse para beneficiar a otro equipo.
Adulterar una competición es comprar jugadores a un equipo rival y declararse en ley concursal dejando al otro equipo entre la espada y la pared en lo económico, porque no cobrar, y en lo deportivo, porque encima se ha quedado sin su jugador.
Adulterar la competición es hacer un calendario de tal modo que los protegidos por el presidente de LaLiga tengan el calendario más cómodo cuando se juegan las papas en Europa.
Hay muchos ejemplos de adulteración de competición y en ninguno está reservar o rotar jugadores de cara a compromisos importantísimos a la vuelta de la esquina. Lo hizo el sábado el Atlético, el domingo el Celta o el Rayo, que se ha metido de lleno en el barro, o lo hizo el Sevilla en el aquel derbi previo a la última final y que le sirvió al Betis para rascar un empate en el Ramón Sánchez-Pizjuán.
Llorar podemos llorar todos, pero ni el Atlético tiene la culpa de la situación de Elche, Mallorca o Alavés, como tampoco la tenía el Real Madrid cuando perdió en Mallorca hace siete días por estar distraído con la eliminatoria frente al Bayern.
Los que lloran que revisen los arbitrajes que ha sufrido el Sevilla FC está temporada y que comparen con lo que decidieron los árbitros, algunas veces los mismos, en situaciones similares. Que se miren el partido frente al Girona o Alavés, que vean el penalti que nos pitan en San Mamés y el que no nos pitan en Cornellá, que miren el que nos pitan y el que no en Anoeta. Entonces tendrán claro lo que es adulterar una competición.
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